La calle, un lugar en peligro de extinción

Hoy es un día difícil para mí, y para muchas personas que conocimos a Emmanuel Vara “Manu”, quien muriera atropellado hace un año, en Puebla.

Foto de apertura: LWYang/Flickr (Creative Commons)

También es difícil porque hace 20 días estuve al borde de la muerte. Tres asaltantes nos rodearon a mí y a mi esposa, dos de ellos me apuñalaron, el segundo atravesó dos tercios de mi pulmón y mi corazón.

Recuerdo que hace un año viajamos a Puebla para participar en el homenaje que se le hizo a Manu. Se colocó una bici blanca en el lugar en que falleció bajo las ruedas de un camión de pasajeros.

Cuando regresamos a la Ciudad de México tuve mucho miedo de subirme a la bicicleta para hacer mis traslados cotidianos. Rodé con paranoia por lo menos una semana. Me sentí completamente vulnerable.

Hoy, todavía sigo en recuperación por las puñaladas y no puedo salir a la calle porque mi corazón y pulmón se están restaurando, y no sé qué tan sencillo sea que mi mente se restaure también después del evento tan traumatizante que nos ocurrió a mí y a mi esposa.

Rescatamos la calle o nos encerramos para siempre

Durante estos días he recibido muchas visitas. Llegaron al hospital y también han llegado a mi departamento.

Una buena cantidad de gente me ha contado sus experiencias de asaltos y las medidas que han tomado al respecto.

A la mayoría le tomó mucho tiempo volver a salir a la calle, es natural, nadie quiere volver al lugar donde le hicieron daño y mucho menos cuando nada le sucede a tus asaltantes o secuestradores. Ellos siguen allá afuera.

Otras han preferido armarse, sí, salen con navajas y cuchillos dispuestos a defenderse.

Me parecía irreal, pero no, esa es la decisión que han tomado para sentirse seguros en la calle, me lo contaron con cierta normalidad.

Otros más, se han encerrado por completo, y me doy cuenta que no es tan difícil, pues no se trata de quedarse en casa para siempre.

Para vivir sin pisar la calle basta con salir de tu casa en un automóvil que te aísle de la calle, entrar con él a tu lugar de trabajo, salir de la misma manera a algún gimnasio y luego regresar a casa. Si te quieres recrear, te metes a un centro comercial.

También puedes optar por comprar o rentar un departamento en un complejo como Mítikah que ofrece vivienda, centro comercial, oficinas, “centros de esparcimiento infantil” y todo para emular una “ciudad viva” sin que tengas que exponerte a la denigrada y abandonada calle.

Blade Runner no estaba tan equivocada

Hace poco que volví a ver Blade Runner, curiosamente la distópica historia se narra en un futurista noviembre de 2019 (la película es de 1982).

En la película la ciudad de Los Ángeles está hundida en violencia y las calles sólo están habitadas por los sectores sociales más desafortunados y sistemáticamente olvidados.

Si estás en la calle es porque no tuviste los recursos para huir de ella y encerrarte en un edificio que te proveyera de todo lo que necesitas para… sobrevivir.

Después de lo que he vivido creo que estamos a un paso de encerrarnos para siempre.

No veo mucho entusiasmo por parte de las autoridades en rescatar las calles, pareciera que para el gobierno la calle es un espacio que sólo sirve para construir puentes y pasos a desnivel para que viajemos encerrados en nuestros autos.

Los programas de movilidad en bici son súper escasos y en la Ciudad de México se ponen a consulta con los vecinos, si estos no los entienden o les parecen inapropiados, los detienen.

Tenemos que sumarnos con más fuerza

La calles es el único espacio en las ciudades que le pertenece a todos. Es el lugar donde podemos encontrarnos, relacionarnos, recrearnos. Es el elemento más valioso de cualquier entorno urbano.

Es tan valioso que pone en aprietos a iniciativas como los centros comerciales y los complejos residenciales. Si se rescata la calle, no tendría sentido irnos a encerrar.

Afuera, la calle, es el espacio de todos. De los historiadores, arquitectos, urbanistas, artistas, biólogos, comunicólogos; vendedores de comida, niñas, fútbol callejero, fiestas, protestas.

Debemos reclamar la calle y hacerla nuestra, habitarla, caminarla, rodarla, reforestarla.

Estamos a un paso de encerrarnos para siempre y dejar que se pudra irremediablemente. Ya estamos en un punto crítico en el que es impensable que los niños salgan solos a su escuela o jueguen afuera.

O reclamamos la calle desde hoy o no tendremos más remedio que perderla para siempre.

Hagamos más actividades en la calle, hagamos fiestas, caminemos, juguemos. Es la única manera de reanimarla.

4 comentarios

  1. Lamento mucho lo que te ha sucedido, espero que tu rehabilitación sea positiva y la pausa que implique hacer en tu vida desemboque en un impulso por seguir impulsando el derecho de vivir nuestra ciudad. Yo me rehuso a encerrarme, a qué me gane el miedo, a que conocidos me vean con asombro y me digan que soy muy valiente por hacer gran parte de mis trayectos caminando, en bici y TP. Vivo en una zona con altos índices de inseguridad, Iztapalapa, y sin embargo,disfruto muchísimo caminar aún con las condiciones tan deplorables de algunos tramos del espacio público. No alcanzo a entender el miedo de quien ha sufrido una ataque tan violento como el que tú y mucha gente ha padecido; pero espero que esa mismo temor se vuelque a continuar presionando e impulsando acciones para volver a gozar de nuestras calles.

    1. Así es Blanca, encerrarse sólo genera que las calles queden abandonadas. Entre más gente camine, ande en bici y use el TP, más vida tendrán las calles.
      Un abrazo.

  2. Gran artículo. Te deseo una pronta recuperación y que continúes en la lucha por recuperar la calle, ahora pareciera que eso requiere ser muy valiente, y lo es. Un afectuoso saludo

    1. Muchas gracias Miguel Ángel. Seguiremos con más impulso. Abrazos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *