Manu vive

Salir a la calle no tiene que ser una lucha

Ayer leía dos notas de personas que fueron atropelladas y murieron. Iban andando en bici, trasladándose por su ciudad. Nunca pensé que esta mañana la misma noticia llevaría el nombre de un amigo. 

Esta mañana Emmanuel Vara Zenteno, “Manu”, 28 años, rodaba hacia su trabajo. Era director de Gestión de Movilidad del Municipio de Puebla. Activista, promotor de la vía recreativa metropolitana, un alegre incansable.

Le quitaron la vida. ¡Una vida! Palabra que cada vez tiene menos importancia para la sociedad.

Hemos perdido la referencia de lo que vale. Nuestro amigo se convirtió en la nota roja de la mañana. Y se fue, ya no estará más.

¿Y qué nos queda decir? “Hay que seguir luchando”, ¡no! Salir a la calle no tiene que ser una lucha.

Circular en bici no debe ser una guerra entre camiones, coches y motos. Dentro de cada vehículo hay vidas y hay el derecho a transitar sin estar en guerra.

Hay que seguir pacificando, eso sí nos va a salvar la vida. El chofer de la ruta “Galgos del Sur”, se pasó un alto.

Ese camión ya no tenía que circular por la 11 norte pues existe el RUTA (el similar del Metrobús en Puebla). Manu no tuvo que haber muerto por ir al trabajo en bici.

Vivimos en un país que no se ha podido poner de acuerdo para publicar una Ley General de Seguridad Vial, donde mueren más niños por ser atropellados que por cualquier otra causa, incluyendo la estúpida guerra contra el narco, secuestros o cualquier enfermedad.

Las niñas y los niños de México se mueren por caminar o andar en bici o por ir en el asiento de un automóvil.

Seguimos en un país donde ir rápido es sinónimo de sentirse chingones, donde nos oponemos a los radares de  fotomultas, donde cubrimos las placas de los carros para no ser multados, donde sacar la licencia no implica saber conducir.

Donde los choferes de autobuses trabajan bajo condiciones inhumanas, a destajo, cobrando por vueltas y no por horas trabajadas.

Donde tenemos un transporte público donde lo último que importa son las vidas que llevan adentro, y mucho menos importan las vidas que se les ponen enfrente. Como la de Manu, que ya no es más.

No se trata de seguir luchando. Se trata de trabajar, implementar, cambiar de una vez por todas la prioridad en las calles.

Hacer conciencia de que el automóvil es una herramienta pesada, que conducirla implica una enorme responsabilidad.

Nos han dejado con un hueco en el activismo, en la función pública y en el alma. A Manu no lo va a sustituir nadie.

Lo mataron un cúmulo de pendientes que tienen las ciudades mexicanas con sus ciudadanos.

No quiero más luchas, ni mucho menos mártires. Quiero vida, tranquilidad al andar.

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