Instalación de bici blanca en honor a Cariñx

Carta a Cariñx

Cariñx, no nos conocimos… o sí, quizá nos cruzamos en algún punto de la ciudad, quizá íbamos solas, quizá acompañadas.

Foto: Ricardo Vineciocleta

Quizá ni nos percatamos la una de la otra, pero es fácil pensar que en algún momento nuestras bicis se cruzaron porque quien encuentra la libertad que da esa máquina inventada hace más de 200 años empieza a desdibujar los límites de lo imposible.

Duele sabernos humanas, frágiles, pero duele más saber que nuestra humanidad puede ser arrebatada por el egoísmo de una persona. 

Y lo que hace este dolor insoportable es que nuestras autoridades no encuentran la forma de ponerle un alto, ya sea por incapacidad, indolencia o, peor aún, porque “el costo político resulta muy elevado”.

Cariñx, juntaste a una gran comunidad a tu alrededor, que gritó tu nombre, que te acompañó. Y esta carta va para ellas, las que te acompañaron:

No nos soltemos nunca más

Decía Benedetti que “uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere” y salimos (salieron) con un mismo grito: no queremos morir por trasladarnos en bicicleta.

Bici blanca en honor a Cariñx colocada en Av. Revolución, CDMX. (Foto: Ricardo Vineciocleta)

Hoy, en medio de una pandemia, de un mundo hostil, nos falta gente como tú, gente que, como dicen quienes te conocieron, podían resolver el mundo con unos cuantos acordes, unas pocas palabras, unas pedaladas, una sonrisa o un grito de rabia.

A la comunidad de personas que nos movemos en bicicleta

No nos soltemos nunca más, nos necesitamos. Estamos cansadas de acompañarnos en la muerte, empecemos a acompañarnos en la vida.

Si este es un llamado a la “politización”, que así sea; si es un llamado a perdonar, que así sea; si es un llamado a “luchar”, que así sea; pero no nos soltemos. 

Que nuestra bandera sea el amor y nuestra rabia se materialice para no volver a acompañarnos cuando una de nosotras ya no esté.

Que si hay que quemar, romper, rayar algo, lo hagamos; pero juntas.

Y mientras escribo estas líneas, recibo otra postal para colgar otra bicicleta blanca, ahora de Daniel, quien era repartidor y yo simplemente ya no sé dónde poner tanta rabia, tanto coraje, tanta tristeza. 

Cariñx, cuánta falta nos haces.

Ari Santillán

Periodista y activista por la movilidad urbana sostenible.

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