Tianguis de la Ciclovía Ferrocarril a Cuernavaca

Un paseo por el realismo mágico de la ciclovía a Cuernavaca

Un paseo en el que no estaba planeado regresar por una ciclovía, se convirtió en un pasaje de lugares insospechados y realidades hasta ese momento impensables. Del sentimiento de aventura pasamos al temor y rozamos el miedo. Todo en una línea de asfalto llamada “Parque lineal ferrocarril de Cuernavaca”. 

El realismo mágico es un movimiento literario que algunos de ustedes quizá hayan conocido con Cien años de soledad de Gabriel García Márquez u otras novelas (yo lo conocí con esa). Mezcla lo meramente imaginativo con lo con real y cotidiano. Situaciones que parecieran imposibles aparecen frente a tus ojos. “Es sobre todas las cosas, una actitud frente a la realidad“.

Si no han leído aún nada de este movimiento literario, podrían comenzar por darse una vuelta (bajo su propio riesgo) por el “parque-lineal” (mis dedos índice y medio de ambas manos suben y bajan en este momento para resaltar las comillas) FC a Cuernavaca.

Bienvenidos a la otra vía recreativa

La primera página de este pasaje del realismo mágico se ubica en el cruce de la ciclovía con la carretera Picacho-Ajusco. Gracias a nuestras mentes de ciclistas aventureros creímos que regresaríamos del Ajusco a través de los 40 kilómetros que separan a este punto del barrio Polanco en una rodada constante, placentera entre colinas y montañas del surponiente de la ciudad, tal como lo describe el Plan de manejo de este proyecto, en el que dice que es “un área recreativa, de conservación y transporte no motorizado”.

Enfundados en ropa deportiva y cascos, saltamos a la ciclovía, tomamos fuerte el manubrio, empujamos los pedales, colocamos el trasero en nuestros asientos y… nos frenamos a los 10 metros. Con permiso. Gracias. Buen día. Gracias. Disculpe. Con permiso. Buen día. 100 metros después la instrucción era clara, teníamos que bajarnos a caminar. Parejas de la mano, madres y padres empujando carriolas, cacerolas con carnitas en ebullición, pilas para reloj, verduras, frutas, televisiones antiguas, pañales, papas fritas y chicharrines, qué va a llevar, qué le ofrezco.

Tianguis de la Ciclovía Ferrocarril Cuernavaca

Tianguis de la Ciclovía en sábado.

Los puestos se suceden uno al otro, cada uno con su respectiva lona de color para cubrirse del sol o de la lluvia. ¿Hace cuánto que se ponen? Le preguntamos al de las papas. Pues nosotros hace unos tres años pero hay gente que se ponía desde que esto eran vías del tren (antes de 2011). ¿Y cómo por dónde acaba? ¡No, pues todavía les falta un rato!

El tiempo traducido en metros daba para un resultado de un “ratote”, porque fueron más de dos kilómetros de puestos, en los que no vimos a un sólo ciclista más que nosotros tres, aunque sí una gran “vía recreativa” en la que niños jugaban, padres levantaban sin compromiso. Y aunque no había clase de zumba ni abastecimiento, sí había mucha vida.

Cuando por fin vimos la luz al final del túnel (de lonas), le preguntamos a otra “señora de las papas” si ya se terminaba de veras ahí. No, adelante hay otro tianguis, pero ese es más chico. Sólo que tengan cuidado, porque la delincuencia aquí está a la orden del día muchachos… (un ojo saltón nos miró fijamente, su joroba se hizo prominente y la verruga en su nariz dio dos brincos milimétricos. Un cuervo se paró sobre su hombro derecho y de entre las papas sacó una manzana roja que brillaba más que la bola de cristal que tenía sobre la vitrina de las papas).

Nos miramos entre los tres y antes de que pudiera decir “mejor aquí nos salimos” mi esposa se subió a la bici y se fue a la vanguardia. ¡Qué nunca has visto las películas de terror donde justo en este punto definen su destino fatal! Pensé. Pero ya era muy tarde y no quería demostrar miedo. El miedo atrae al peligro, así que me lo tragué con el último chorrito de agua que me quedaba en la cantimplora.

En esa misma zona existen los más diversos asentamientos humanos en constante demanda de áreas verdes para el recreo y esparcimiento. Por un lado encontramos núcleos de población de origen prehispánico como lo son los pueblos del sur de la ciudad y por el otro los sitios más modernos de la ciudad capital en los que transcurre la vida cotidiana de la población con mayores ingresos. (Plan de Manejo para Ciclovía, 2011).
Pues sí. Asentamientos humanos en constante y voraz demanda de áreas verdes. Vimos casas que envidiaría el mismísmo arquitecto de la cabaña del Tío Chueco de Reino Aventura (sí, tengo más de 30 años), agarradas del cerro. También algunos paisajes que aún sobreviven y muestran la majestuosidad de la vegetación que aún queda. Algunos jóvenes sentados a la orilla de la ciclovía tomando una caguama en plan muy tranquilo y otros que giraban la cabeza 360º escaneando toda tu humanidad. Pero tranquilo, sin miedos, todos relax.
Tianguis en la ciclovía Ferrocarril a Cuernavaca
Así llegamos al cruce con una calle donde no se veía continuidad de la ciclovía. Miramos hacia un lado y al otro. Y cuando decidimos que hasta ahí había llegado nuestra aventura, debajo de un auto oxidado salió un señor para decir tres palabras: sigan ahí derecho. Volteamos al frente y había una vecindad con ropa tendida de lado a lado de sus techos. Una persona más se dirigió a nosotros y a señas y con balbuceos nos dio a entender que debíamos seguir por ahí (o quizá nos decía, no pasen, los últimos que cruzaron esta calle jamás salieron de ella). Continuamos.
A mi me bautizaron con el nombre de Juan Pablo gracias a la fiebre papal que duró del 79 al 82, pero ahora me llamaría güero, aunque mi pantone esté mucho más cercano al café que al amarillo… por mucho. Ese adjetivo te hace saber que no estás en tu territorio y que no perteneces a ellos, eres el güero.
Ciclovía ferrocarril a Cuernavaca

La ciclovía se convierte en un pasillo entre casas.

Por supuesto a estas alturas no había la más mínima señal de que la ciclovía iba por ahí. El camino se hacía cada vez más estrecho entre la puerta de una casa con la otra. Y cada vez había más ropa tendida frente a nosotros. Finalmente vimos a una persona más que iba en bicicleta, era un niño de unos 5 años que se detuvo para vernos. ¡Wow, esas bicis son de carreras! Sacó de la bolsa una pistola y me mató. Hola amigo, le dije después de muerto. Con permiso. El niño continuó jugando a que su bici era una moto de policía. Adelante hicieron su aparición los perros y como ellos sí huelen el miedo me ladraron los dos French Puddle (bueno, tenían pelo blanco y rizado). ¡Cálmate! Le dijo su dueña desde su cama. Mi casco se atoró con algo que me jaló la cabeza hacia atrás. Creí que el cálmate había sido para mi. Tardé en reaccionar y darme cuenta que a mi cabeza la sostenía el mecate del tendedero. Continué intentando que mi esposa y mi amigo no se alejaran tanto. Si íbamos a morir, moriríamos todos juntos, sí o sí.
Ciclovía Ferrocarril Cuernavaca

Aunque no lo parezca, esta es parte de la ciclovía que en 2011 se presentó como un parque lineal recreativo.

Una vez más vimos la luz al final del túnel y pasamos de mundo, como en Mario Bros. Estábamos los tres con bicis y ropa. Sanos y salvos. Aún no había indicios de que la ciclovía iba por ahí, pero algunos vecinos nos dijeron que siguiéramos derecho. La esperanza de pedalear como te lo pinta el nombre de “parque lineal” ya se había esfumado a esas alturas. Pero la cantidad de realidades que habíamos visto hasta este punto lo compensaban todo.
Las casas con techo de lámina se convirtieron en grandes… enormes bardas de casas de la Miguel Hidalgo. La ciclovía apareció nuevamente, custodiada de luminarias. Nos encontramos con dos parejas que paseaban a sus perros, estos sí se veían de raza muy bien definida. Un mundo muy diferente del que habíamos superado unos metros atrás, y que terminaría con una gigantesca barrera urbana: el Segundo Piso de Periférico, obra por la que se obtuvieron recursos para este “bike path” a la mexicana y que también acabaría con nuestra travesía.
Ahí sí no hubo forma de seguirle la pista a la ciclovía y nos adentramos a la otra realidad chilanga entre carros, camiones de carga y microbuses. Como pudimos llegamos a Insurgentes donde nos despedimos de nuestro amigo. En el semáforo de la esquina un señor de las papas tiraba las correas de cuatro monos con alas amaestrados que lo elevaron con dirección al surponiente de la ciudad. Se perdió entre una nube de smog. Nosotros regresamos al mundo de las ciclovías confinadas, los cafés en las banquetas y los parques para perros, en un silencio total, como quien no termina de asimilar lo que acaba de ver.

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17 comentarios
  1. Mauricio Mier
    Mauricio Mier says:

    Excelente narración. Me parece que se equivocaron de ruta, jeje. Justo donde iniciaron y con rumbo a Cuernavaca pueden disfrutar la ciclovía como se las platicaron, con campo, pueblitos, vacas, gallinas, perros y algunos jovenes tomando su caguama y fumando marihuana.
    Yo salgo a correr todos los días en esa ruta, es muy tranquilo y el paisaje con vistas al DF es excelente, el único problema es que los fines de semana algunos ciclistas la toman como pista de carreras y los corredores estamos en riesgo de ser atropellados.
    Pueden llegar en coche, estacionarlo (junto al mercado) e iniciar un buen recorrido con rumbo a Cuernavaca. Creo que la ciclopista termina en Tres Marías, aunque solamente la he recorrido hasta donde se junta con la carretera libre a Cuernavaca.
    Saludos

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    • Juan Pablo Ramos
      Juan Pablo Ramos says:

      Justo nos quedamos con ganas de ir hacia el otro lado. Creo que será la próxima rodada, para ver cómo está hacia allá. ¡Saludos Mauricio!

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  2. Alberto
    Alberto says:

    Gracias por compartir. Una pequeña observación sobre el primer párrafo: no es “rosamos el miedo” sino “rozamos el miedo”
    Saludos

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  3. alex romero romualdo
    alex romero romualdo says:

    Mmmmmm, creo que hay muchas opiniones, tanto a favor como en contra. yo todos los sábados hago recorridos desde la Superior de Guerra hasta La Cima. Y la parte folclórica es cuando circulas en las partes pobladas. Nosotros al menos nos encontramos con dos “mercados”, que utilizan a la ciclovía como pasillo central. Y bueno me ha tocado ver agresiones de la gente hacia los ciclistas, accidentes de los ciclistas por evitar atropellar a las personas, mordidas de los perros a los ciclistas, autos estacionados en la ciclovía, así como autos y motos circulando en la ciclovía, a un grupo de ambientalistas queriendo rescatar eso que describes como parque lineal, sin que tuvieran mucho éxito, ya que su iniciativa resulto opacada por los tianguistas, en fin tantos actos. Sin que ninguna autoridad quiera tomar el asunto y darle una solución. Hace poco me encontré a Claudia Shembaun, Jefe Delegacional de Tlalpan en una jornada de limpieza en un tramo de la ciclovia, le comente algunas situaciones y no le intereso. Lo único que creo y veo es que hay un doble discurso en todo esto de la cultura ciclista que tanto vociferan quienes hacen sus anuncios rimbonbantes…

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  4. Antonio Suárez FEBO
    Antonio Suárez FEBO says:

    En efecto, estuvieron a unos pasos, que pena, como el que se pierde un mundo al tomar un lado del camino, sólo vieron la mitad, así nos pasa a todos, todo el tiempo, se perdieron de la extraordinaria zona rural con sus quesadillas del Ajusco, que si bien tiene muchos problemas es también muy impresionante, te lleva a Morelos pasando por Tepoztlan, muchos vamos en fin de semana, hay muchos ciclistas en familia, yo voy con mi clase el día 12 de abril, estas invitado.

    El parque lineal no deja de ser parque porque exista pobreza y problemas sociales al rededor, por el contrario nos recuerda la realidad de nuestro país que con bicicletas, tianguis y tacos de cabeza, tenemos que mejorar, no hay de otra, el modelo “Copenhagenize” de Mikael Colville aquí no aplica, por el contrario, nos recuerda que la mayoría de las llamadas “intervenciones urbanas en DF” aún se localizan en el corazón económico de la ciudad cuyo modelo de planeación reciente tiene más de “cosmética urbana” que de desarrollo urbano y social, principalmente ese modelo cosmético aumenta las inequidades en lugar de reducirlas, está ciclovia o parque lineal hace esquina con Masaryk la calle con mayor valor por metro cuadrado de TODO MÉXICO, misma que recientemente recibió la mayor inversión pública a nivel nacional que se ha realizado sobre una calle, exacerbado con esto las inequidades en la todalidad de la ciudad, las grandes inversiones no tienen que comprometer la inversión en otras áreas como la ciclo via de la Ciudad de México, estos espacios hay que mejorarlos viendo hacia ellos y no dándoles la espalda, requieren de inversión y política pública, deben ser recorridos frecuentemente por las autoridades encargadas del espacio público, las delegaciones y desarrollo social, el parque lineal tiene un enorme potencial por la densidad y vulnerabilidad de la población que ahí vive, recuerda el Urbanismo en el siglo XXI va por la equidad.

    Donde aparecen los lapidarios es un punto extraordinario, de los más seguros, hubieras preguntado por “Chema” lleva más de 70 años ahí labrando nombres de muertos desde una condición que tiene mucho de pobreza y también de corazón y folklore.

    El terrible “cierre social” en nuestro país, el mosmo que no permite que un niño tenga acesso a la educación, vivienda, salud, parques y ciclovias en México no debe de reproducirse en políticas urbanas que alimenten las inequidades, por el contrario el parque lineal debe ser una bandera para la inversión pública y no para el abandono, un viaje por la ciclovia de la Ciudad de México es un viaje por México, por la diversidad, el desastre urbano, pero también por la esperanza, eso se parece más a México que la Condesa, ese trazo estuvo a punto de convertirse en una calle para autos, de hecho, en un tramo del segundo piso lo es, este acabo con el espacio.

    El carácter de parque lo da la calidad y la cantidad de las relaciones la accesibilidad, como tal, requiere mantenimiento y mucha más inversión, de los 60 kms hay 30 rurales bien y muy bien, con tramos hermosos, unos 5 inseguros 3 kms “chic” en POLANCO — LOMAS, el resto es como todo México y se puede mejorar pero con intención e inversiones pública, hay un plan de la actual delegacion para recuperar el espacio del mercado, de hecho lo que ahí sucede a favorecido muchisimo el tránsito peatonal y la accesibilidad de personas mayores, por las mañanas hay grupos de señoras que practican yoga, algunos sembradores urbanos como “don Modesto”-en la zona de Tlalpuente, en fin, mi sugerencia es vuelve otra vez, rueda más despacio y plática mas con la gente, ahí está la clave , es indispensable ver la realidad para poder transformarla. Saludos, Febo

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    • Juan Pablo Ramos
      Juan Pablo Ramos says:

      Gracias Febo por tu comentario. Muy importante saber tu opinión. Coincido contigo: un paseo por este parque lineal es un resumen de todo México. En mi opinión habría que dar un paso más, para no quedarnos en lo que también distingue a todo México: el “ya merito”. El caso del tianguis es sumamente importante y creo que se podría hacer una intervención que favoreciera aún más a los comerciantes y a los que transitan por ahí. Con mucho gusto me daré más vueltas y llegaré a la parte de Morelos.

      Para los que leen esto, Febo fue el encargado de presentar el proyecto de este parque lineal.

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      • Antonio Suárez FEBO
        Antonio Suárez FEBO says:

        Fuimos varias personas las que colaboramos en esta ciclo via parque lineal; el Arq. Psj. Pedro Camarena, la Comunicologa Arely Carreon, Ricardo Sala, el biólogo Alejandro Cadaval, El Arq. Paco Migueles y muchas otras personas con gran entusiasmo y pocos recursos en un momento en que no existían los perfiles de Peña ni Mancera en el mapa político.

        Esta experiencia fue muy valiosa, nos dejó claro que había personas dispuestas a hacer gestión desde y con las bases, mientras otros criticaban desde la comodidad de la crítica basada en que México debería ser como tal o cual país. Aprendimos mucho, yo guardo mucha experiencias de este periodo.

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      • Eduardo A. Jimenez
        Eduardo A. Jimenez says:

        Cuando lo vuelven a recorrer? Tengo muchas ganas de de conocer esa pista, pero he escuchado muchas historias de miedo, por favor invítenme 5543999800

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      • Ricardo Sala
        Ricardo Sala says:

        Hola Juan Pablo, gracias por la crónica. Ustedes tres se echaron un recorrido definitivamente más antropológico que deportivo. Me los imagino perfecto con sus atuendos de nylon y de colores fosforescentes: fueron un componente más de la diversidad de ese maravilloso espacio público que es el ex Ferrocarril a Cuernavaca. Recordé aquellos buenos tiempos en que colaboré con Areli, Pedro y Febo en este proyecto. Año 2003. Desde entonces, y desde mucho antes, están los mercados sobre ruedas y las invasiones con bloques de hormigón, paredes de colores vivos y tendidos para colgar la ropa. La ciclopista sirvió para que no se comieran ese espacio los automóviles, como bien dice Febo. Ésa fue la prioridad, más que convertirla en una ruta ciclista deportiva. Es fantástico que la gente que vive ahí pueda disfrutarla caminando, corriendo o jugando. Y prefiero comerciantes arengando “qué va a llevar” o incluso ropa tendida, que coches. Claro, tendría que haber mejor ordenamiento urbano en algunos lugares específicos. Un plan estratégico de trabajo político con los dirigentes, una pequeña inversión en infraestructura a los lados de la ciclopista, y un programa permanente de supervisión lograrían mayor respeto para quienes transitan la ciclopista. Cabemos todos. Gracias por la narrativa, de nueva cuenta, y ¡nos vemos en los pedales!

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        • Juan Pablo Ramos
          Juan Pablo Ramos says:

          Así es Ricardo. Es una buena ganancia tener esa ciclovía y definitivamente coincido contigo que un plan que diera seguimiento al proyecto original y una supervisión permanente harían de este espacio algo mucho mejor. Saludos y nos vemos rodando.

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    • Juan Pablo Ramos
      Juan Pablo Ramos says:

      Hola José. Yo personalmente no lo he recorrido hasta allá. Hasta el año pasado escuché malas referencias. Quienes lo hacen van en grupos grandes, por lo menos 10 ciclistas. Es lo que puedo decirte. ¡Saludos!

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