Si molesta a los automovilistas, está bien hecho

En semanas recientes al ayuntamiento de la Ciudad de Puebla ha ejecutado algunas modificaciones a las calles de su centro histórico para lograr reducir la velocidad de los automovilistas.

Estos, se han enfadado, protestado y por supuesto, todas esas reacciones indican algo: que las modificaciones van por buen camino.

Partamos del inicio. Las calles fueron concebidas desde mucho tiempo antes que los automóviles. Y los centros de las ciudades son testigos vivos de esta realidad histórica.

Las calles de fueron creadas principalmente para que la gente caminara, pues las actividades cotidianas de la ciudad clásica se desarrollaban alrededor de una plaza central: iglesia, ayuntamiento, hospitales y escuelas estaban al alcance de los peatones.

El automóvil invadió a los peatones, no al revés

Ahora que se han construido “orejas” para que peatones tengan zonas de seguridad más grandes, y colocado bolardos y macetones para obligar a los autos a reducir su velocidad, la gente que se mueve en automóvil se siente ofendida.

En los reportajes que han publicado en la capital poblana se puede ver a los automovilistas asegurar que la colocación de esta infraestructura generará tráfico y contaminación.

¡Claro, no es el auto el que contamina, es el macetón!

Los peatones y las bicicletas son como las plantillas ortopédicas, un elemento que corrige desde abajo la postura de un sistema de músculos y huesos.

Al principio molestan y nadie pide que le pongan unas, pero con el paso del tiempo uno se da cuenta lo torcido que estaba el cuerpo y el beneficio que otorga usar las plantillas.

Eso pasa cuando una ciudad toma decisiones de diseño vial basadas en los usuarios que son mayoría: peatones principalmente.

La molestia pasa, las muertes no

Desafortunadamente existen pocos gobiernos que prioricen a las mayorías. No sé qué obsesión tienen los tomadores de decisiones para pensar que los automovilistas representan a la mayoría.

Son muchos los estudios y datos que existen a la mano para ver que el uso del automóvil representa a una minoría que genera un gran costo social: contaminación, accidentes y congestionamiento vial, por mencionar algunos.

Reducir la velocidad ocasiona molestias, pero permitir que los autos circulen a más de 30 kilómetros por hora genera muertes. No son ocurrencias, son decisiones tomadas en datos y estudios.

Si pocos son los ayuntamientos que toman medidas a favor de peatones y ciclistas, muchos menos son los que generan políticas públicas basadas en una premisa contundente: hacer el uso del auto cada vez más complicado.

Esa es la verdadera meta. Facilitar que la gente se mueva a pie, en bicicleta y transporte público, y que viajar en automóvil particular sea una tarea complicada.

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1 comentario

  1. Excelente texto

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