¿Qué piensas mientras andas en bici?

¿Qué piensas mientras andas en bici?

¿Qué piensas mientras andas en bici? Muchas personas han mencionado que andar en bicicleta les ha funcionado como una especie de terapia psicológica. No sé si a todos les pase lo mismo, pero de algo sí estoy seguro, andar en bicicleta nos hace reflexionar, y eso, ya pasa muy pocas veces en esta vida tan ajetreada. 





Foto de apertura: Jim Makos (bajo licencia Creative Commons)

Hace un par de años una buena amiga me regaló el libro Zen, ciclismo urbano como camino, del periodista de rock y practicante de budismo zen Juan Carlos Kreimer.

Una de las frases que más se me quedó grabada (y verán que este libro está lleno de frases impactantes), es la que menciona que andar en bicicleta te otorga una visión de 360 grados. Un despertar de todos tus sentidos, pero que al mismo tiempo te ofrece una desconexión.

Algunas veces, cuando más coraje, estrés y angustias llevo en mi cabeza, salgo de casa en la bici y cuando “abro los ojos” ya llegué a mi destino. Sano y salvo y seguramente sin haberme pasado un alto o atropellado a alguien.

¿Cómo sucede eso? Sin tener una respuesta científica sólo puedo decir que me ocurre esa desconexión consciente de la que habla Kreimer en su libro. Un momento de pausa. Un “estate quieto” a la mente que la bicicleta sabe darnos.

Estar un ratito con uno mismo

También he escuchado muchas historias en las que las mejores ideas surgieron andando en bici. A mi en lo personal me han surgido varias. Pero una es la que más recuerdo.

Había pasado un momento terrible con el proyecto impreso de nuestra revista CLETOFILIA y estaba en la desesperación total. Intentando encontrar soluciones hasta debajo de las piedras.



En uno de mis recorridos cotidianos en bici, al parar en un alto, llegó la idea, directo del hiperuranio. “Hacer una obra de teatro de clown que enseñe sobre educación vial”. Sentí algo intenso en el pecho. No un dolor que anticipa un paro cardiaco, no. Sentí algo realmente bueno. Ese día nació un proyecto que fue fantástico: “Comando vial”.

¿Por qué las mejores ideas podrían llegar andando en bicicleta? No es que las personas que elegimos andar en bicicleta queramos llenar de atributos milagrosos a nuestro vehículo de dos ruedas, pero es que hay algo en ella que sin darnos cuenta nos brinda de manera muy natural: meditar.

No soy practicante de la meditación, aunque me encantaría desarrollar el hábito y la disciplina. Pero tengo la certeza de que al rodar, meditamos, y que al meditar conectamos con la parte más profunda y pura de nosotros mismos.

Cuántas veces sabemos que las respuestas están ahí, pero nos hacemos bien mensos para no tomarlas. Y esquivamos toda respuesta distrayéndonos con todo: angustias, depresiones, estrés, llanto, vicio. Todo con tal de no enfrentarnos a nuestro yo más puro (no estoy profesando ninguna religión, no se espanten).

Y cuántas veces no nos han dicho: ve al sicólogo, ve a misa, medita… Y tampoco estoy desacreditando a la sicología ni a las religiones. Seguro todo eso sirve, pero díganme si estoy equivocado: sicólogo, misa y meditar, todo lleva al mismo punto: ponerse atención a uno mismo.

Y de pronto, cuando vas pedaleando de regreso del psicólogo, de la iglesia o del tempo… O de las tortillas, del banco o del mercado… ¡zas! Algo ocurrió en tu cabeza. Te diste cuenta que estabas en la relación equivocada, que el trabajo al que le dedicas 10 horas diarias en realidad te hace infeliz, que el amigo al que le dejaste de hablar en verdad sólo quería ayudarte… Miles de respuestas o ideas brillantes.

Un momento, quizás menos de un segundo de estar plenamente con uno mismo y llegó esa iluminación.

Podrán tachar a la bicicleta de que ahora es una moda, que es accesorio para hipsters o una medallita más para los gobiernos que se quieren sentir vanguardistas. Digan lo que quieran. Pero si un día la angustia les acosa o les asfixia… denle la oportunidad a su mente de llevarla a un paseo en bicicleta. Algo bueno, estoy seguro, les va a llegar.

PD: Si pasas este artículo a 10 personas, en 5 días una buena noticia te llegará…. jaja ¡no es cierto! Sólo sean felices.

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