Las ciudades tienen género

Las ciudades tienen género IV

Esta es la última entrada de la serie Las Ciudades tienen género de nuestras #Intersecciones. Para cerrar con broche de oro haremos una introspección en un microcosmos fundamental para la transformación de las ciudades: las organizaciones civiles.

El microcosmos activista

Texto | Efra Tzuc* Foto | Claudio Olivares Medina/Flickr-creative commons

 

Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) sin lugar a dudas han dinamizado e impulsado transformaciones radicales de nuestras ciudades. En muchas ocasiones los avances en cuestiones de movilidad están directamente relacionados con el trabajo apasionado y altamente político – que no partidista – que muchas de ellas hacen día a día. Sin embargo, cuando hablamos de sistemas normativos tan fuertes como el patriarcal, no podemos bajar la guardia, no podemos asumir que, sólo por progresistas, las OSC no contribuyen a perpetuar la discriminación de género.

De hecho, son entidades claves para perpetuarla – o cuestionarla – , pues algunas de ellas tienen alcances grandísimos en términos de difusión, otras empujan políticas públicas en los 3 niveles de gobierno, unas más son reconocidas como voceras de causas específicas, casi como representantes de sectores amplios de la sociedad, etc. Sin lugar a dudas, el profesionalismo de las OSC es impresionante para temas específicos, pero realmente precario para otros, como lo es la perspectiva de género. Este desconocimiento puede generar resistencia e incluso agresión cuando el tema se pone en agenda y es así porque nos obliga a cuestionar privilegios a un nivel personal.

Herramienta básica

En el 2012 las compañeras del colectivo ciclista tapatío Femibici realizaron un ejercicio con agrupaciones de la Red Nacional de Ciclismo Urbano (BICIRED) para reflexionar entorno a las diferencias entre hombres y mujeres dentro de la esfera activista. Posteriormente sistematizaron la experiencia y condensaron los resultados en 10 puntos que las organizaciones podrían abordar si querían que su trabajo se realizara en un marco de equidad. Yo considero que estos puntos son valiosísimos para cualquier OSC, incluso más allá de los temas de movilidad, espacio público, desarrollo urbano, etcétera.

Los puntos son los siguientes:

  1. Liderazgos compartidos: ¿Quiénes son ubicados o ubicadas como líderes de los grupos? ¿qué oportunidades de participación dentro de los grupos tienen las mujeres? Recordemos que ellas trabajan de 10 a 12 horas más a la semana que los hombres, bajo esas condiciones, ¿cuántas horas realmente las compañeras pueden dedicarle al activismo (en caso de no ser un trabajo remunerado)?
  1. Vocerías compartidas: ¿Quiénes son las personas que mayormente atienden a los medios de comunicación por parte de la organización? ¿Quiénes presentan los trabajos realizados en foros públicos? ¿A quién invitan las autoridades para las mesas o consejos de participación? Los roles públicos, como las vocerías, son altamente valorados pues dan reconocimiento social.
  1. Lenguaje incluyente: “Lo que no se nombre, no existe”. El lenguaje incluyente es una estrategia para visibilizar que existen hombres y mujeres, especialmente en espacios tradicionalmente de hombres, considerando que vivimos bajo un sistema normativo patriarcal. Desde mi óptica, transgredir la norma gramatical puede ser un sencillo aporte para irrumpir esta realidad en la que la discriminación de género está sumamente normalizada. Y no, evidentemente con eso no se acaba la opresión.
  1. Imágenes no estereotipadas, que promuevan que más mujeres se sumen al movimiento: ¿Las imágenes que se utilizan para promocionar eventos, publicaciones etc., representan a hombres y mujeres en su diversidad? ¿Se utiliza la imagen de la mujer como objeto publicitario? ¿Las imágenes que utilizamos reproducen los estereotipos de género?
  1. Compartir saberes (actividades no estereotipadas): En este punto las compañeras de Femibici comparten: “Como sociedad hemos creado una dependencia de saberes de construcción histórica”. En las agrupaciones ciclistas, por ejemplo, es muy común que los hombres sepan de mecánica básica, este conocimiento se comparte poco entre hombres y mujeres, en muchas ocasiones porque los espacios donde se puede enseñar y aprender no son cómodos ni seguros para ellas.
  1. Espacio libre de violencia (de cualquier tipo): Esta es muy clara, sin embargo, pocas veces entendemos que la violencia va más allá de los golpes y que hay otras formas más sutiles y muy comunes de ejercerla. Por ejemplo, las bromas (“ni pareces hombre”), el acoso, la descalificación, etc.
  1. Generar información y análisis con datos desagregados hombres – mujeres: Este punto es importantísimo para las organizaciones que inciden en la política pública. La falta de datos desagregados por sexo nos dificulta el análisis con perspectiva de género. En el caso ciclista es muy evidente, los conteos registrados indican que el porcentaje de mujeres ciclistas es bajísimo en comparación al de los hombres, las estrategias deben considerar no únicamente que incremente el número de ciclistas, sino también que las mujeres tengan mayores oportunidades para subirse a la bicicleta.
  1. Proponer políticas públicas con perspectiva de género: Justo en sintonía con el punto anterior y a la tercera entrada de esta serie en la que comentaba que las ciudades tienen género debido a que se crean espacios masculinos, puesto que se priorizan usos que corresponden a lo que el género masculino debe y puede hacer, así como a la falta de condiciones que hagan seguro el espacio público para las mujeres.
  1. Actividades que inviten (realmente) a todos y todas (mujeres, comunidad LGBT, hombres) a sentirse parte de la transformación de nuestros espacios, de nuestra forma de relacionarnos: Si bien no todas las OSC deben hacer incidencia en política pública ni todas deben hacer trabajo de base, sin duda deben reconocer que las comunidades en las que trabajan son diversas y que esa diversidad, como se ha explicado anteriormente, puede limitar el ejercicio de derechos. Independientemente del tipo de trabajo que las OSC realicen, debería ser fundamental crear espacios seguros, si no estaríamos reforzando la participación únicamente de sujetos privilegiados en la transformación de las ciudades.
  1. Lo que cada grupo vaya imaginando que contribuya a pedalear con equidad: Este punto es una clara invitación a salir de la comodidad, a repensar nuestros espacios de trabajo y preguntarnos si son espacios que inviten y promuevan la participación de las mujeres, si estamos considerando sus necesidades y si estamos entendiendo que existe una clara desigualdad entre unos y otras. Trabajar con una perspectiva de género no es fácil porque nos hace enfrentarnos a esos privilegios que tenemos por el simple hecho de haber nacido hombres y que nos han enseñado que son “nuestros derechos”.

Para finalizar, las ciudades están cambiando tan rápidamente que en muchas ocasiones actuamos con urgencia, sin procurar mirar la amplia perspectiva de la situación. Sin duda debemos participar en este proceso de transformación, entendiendo que la ciudad no es el espacio de casa hacia fuera, sino la suma de entramados sociales, culturales, históricos, físicos, ideológicos, etcétera, que recaen sobre las personas en ámbitos públicos y privados, de forma individual y colectivamente. Considero que la perspectiva de género, nacida de una teoría y práctica feminista, aporta elementos fundamentales en dirección a aquella utópica Ciudad Humana que muchas buscamos.


 

* Efraín Tzuc

Ciclista, nutriólogo y feminista

Colabora con el Observatorio de Movilidad Sostenible de Mérida @MovilidadMerida y con la Red Nacional de Ciclismo Urbano de México @BiciredMx

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