Ruta de la seda en bicicleta

La Ruta de la Seda en bicicleta, parte II

Sonia Medina y Felipe comienzan su aventura por Rumania y cruzan la primera frontera para llegar a Bulgaria. En esta segunda entrega nos comparten sus primeros días rodando por la Ruta de la Seda. 

Texto y fotos: Sonia Medina

Rumania el comienzo del trayecto ¡A rodar!

Llegó el día de volar hacia Europa, nerviosa y con poco equipaje llegué a Ámsterdam. Después de varias horas de camino finalmente arribé a Bruselas para tomar el vuelo hacia Bucarest.  

Fue un largo viaje y un par de días por el norte de Europa, pero por fin llegué a Bucarest. Feliz abrazo a Felipe que ya me estaba esperando en el aeropuerto. Decidió venir por mí en transporte público así que tomamos el autobús de regreso a nuestro hogar en Bucarest. Era la casa de una pareja de ciclistas rumanos, Adi y Andrea, que contactamos por la página de Warmshowers. Tan pronto llegamos a la casa, Adi nos tenía una gran sorpresa, había encontrado una bici económica y muy buena, teníamos que ir a verla esa misma tarde. Así que dio la hora y emocionados salimos a verla todos en bici y yo en la parrilla trasera de la bici de Felipe.

Llegamos y “Abril” nos estaba esperando, era una bici usada pero en muy buen estado. Me subí a ella, la sentí cómoda y el tamaño era perfecto para mí. Felipe y Adi nos dijeron que todo lo que tiene la bici es muy bueno  así que como ellos sabían más que yo, Abril cambió de dueño esa misma tarde. Regresamos a casa ahora si cada quien en su bici, Adi sabe mucho de bicis así que comenzó a desarmar a Abril y nos dijo que es mejor que compremos algunas piezas nuevas para el viaje. Abril se quedó quieta por algunos días mientras conseguimos todas las refacciones necesarias.

Bucarest, mucha vida urbana

Ruta de la seda en bicicleta

Sin saber mucho de la cultura e historia de Rumania comenzamos a descubrir Bucarest, el inicio de la aventura en bicicleta. Salimos a rodar las calles de, la capital rumana y la ciudad más grande de este país. Entre tanto tráfico se vuelve un poco complicado, los conductores no respetan al ciclista y los autos se estacionan por todos lados. Cruzando avenidas principales y edificios representativos, logramos llegar al centro de la ciudad.

Un centro peatonal con restaurantes, bares, museos, característicos por su arquitectura de estilo francés. Mucha vida urbana, músicos tocando en las calles, familias y parejas caminando disfrutando de la ciudad. Entrar a esta área nos aísla un poco del ruido de la ciudad,  nos trae a otro ambiente lleno de música y murmullos de gente platicando.

Al noreste de la ciudad, donde nos estábamos quedando, los edificios son un poco más grises y viejos, de estilo comunista. Es una zona habitacional grande con muchas personas viviendo en ella. La vida es un poco más salvaje, hay mucho ruido emitido por los automóviles y camiones. Más gente caminando para llegar a algún sistema de transporte, autos estacionados a 60 grados volviendo la banqueta muy angosta, haciendo que caminar por ella se vuelva complicado. Pero cuando se trata de cruzar la calle, sin importar el vehículo que se aproxime se detiene y permite cruzar al peatón. Sorprendentemente existen semáforos exclusivos para que el peatón cruce en medio de grandes avenidas. Al caminar por esta área, la ciudad se vive de otra forma.

Rodar por Bucarest fue toda una aventura pero un buen entrenamiento para comenzar el viaje en bici.

Llegó el día de partir

Ruta de la seda en bicicleta

Llegó el día de partir. Abril ya estaba preparada y yo también, así que salimos a la aventura. Saliendo de Bucarest hacia el sur de la ciudad nos acompaña un ciclista, un señor grande, nos saluda y nos rebasa, unos metros más adelante, sale de una tienda y hace algunas señas de que paremos. Yo como toda una novata no sabía si parar o no, pero Felipe me dice que paremos para ver qué quiere y para mi sorpresa lo único que quería era regalarnos agua y un pan a cada uno.

Salimos de la ciudad y comenzamos a rodar por la carretera principal, teníamos un gran espacio para nosotros, un acotamiento de metro y medio, sin embargo sentía un poco de nervios y mi velocidad no era mayor a los 15 km por hora.

Pocos kilómetros después se me olvidan los autos, levanto la vista y a nuestro alrededor había campos completos de flores amarillas, comencé a sentir el soplar del viento. Los campos de flores se movían de un lado a otro creando en el horizonte una sensación de olas, sintiéndome en el mar.




Avanzamos como 15 km y decidimos descansar, ya estaba un poco agotada. Paramos en una tienda abandonada, con casas en la parte trasera y un perro ladrando por varios minutos.  Salieron dos señores para ver qué pasaba, nos vieron, intentaron comunicarse con nosotros pero como no hablamos rumano, nos comunicamos a señas, ahí empecé a descubrir la comunicación con el cuerpo. Felipe un poco más experto en este tipo de lenguaje se comunicó con ellos y les pudo entender. Nos dicen que no hay problema que podemos quedarnos ahí y tomar agua, así que decidimos comer.

Continuamos y llegando a los 50 km, Felipe ve un pequeño bosque y me dice que es un buen lugar para acampar, yo sin experiencia, confío en él. Ya entre los árboles ponemos nuestra casa de campaña, una nueva experiencia para mí, la primera vez que hago “free camping” acampar sin pedir permiso ni pagar. ¡Uhuuu! Nos damos un baño con nuestras cantimploras y esperamos a que la noche llegue para por fin descansar.

Ya entrada la noche con un poco de incertidumbre, despierto varias veces a Felipe. Cada sonido que escuchaba sentía que era un lobo que se acercaba a nosotros. Por lo que no dormimos mucho esa noche y Felipe se tuvo que enfrentar a la oscuridad.

Bienvenidos a Bulgaria

Amaneció, un nuevo día para rodar, despertamos emocionados porque cruzaríamos la frontera. Un día soleado, avanzamos algunos kilómetros y paramos en una tienda a descansar, tomamos una cerveza y unas papas, un desayuno cero nutritivo para nuestra actividad, pero nuestra emoción era más grande que el hambre. Tenía algunas cosas que no usaría más en el viaje así que la dueña de la tienda felizmente las recibió. Avanzamos 20 km cuando de repente Felipe recordó que había dejado algo en la mochila que regalamos y decidió regresar. Mientras yo lo espero sentada en una banca con vista al muelle del río Delta Danubio que bordea la frontera de Rumania con Bulgaria. Después de una hora veo por fin a Felipe regresar así que continuamos nuestro camino.

Ya casi a 2 km de la frontera cruzamos un puente de armaduras en construcción con trabajadores rumanos que nos sonríen mientras avanzamos, por fin llegamos a la frontera. Una frontera llena de autos y camiones, nos adelantamos y llegamos a la caseta, le entregamos nuestros pasaportes al policía. Tuvimos que esperar un poco, pero al final nos entregaron nuestros pasaportes sellados.




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