Paseo de la Reforma

El INAH defiende a Maximiliano y le da la espalda a ciclistas

La avenida Paseo de la Reforma es un ícono de la Ciudad de México, a lo largo de ella se erigen monumentos que le dotan de gran parte de su identidad a la capital del país. Pero, ¿hasta qué punto se debe respetar su diseño original? ¿Vale la pena arriesgar vidas por resguardar su valor histórico?



Entre 1857 y 1860 México vivió la nombrada Guerra de Reforma o Guerra de los Tres años. La clase conservadora, que apoyaba al poder de la Iglesia Católica y al Ejército, buscaba una forma de detener a los políticos liberales que habían promulgado una serie de leyes que quitaban, entre otras cosas, el fuero a los eclesiásticos y militares.

Mientras Benito Juárez huía e intentaba gobernar al mismo tiempo, sin que fuera aprehendido por el Ejército Federal, el Partido Conservador se daba a la tarea de buscar a un príncipe europeo para instalar el Segundo Imperio Mexicano: una estrategia de los franceses para hacer frente a Estados Unidos, quienes estaban ganando presencia en el continente Americano.

Tienda de ciclismo

En otras palabras, los franceses, en un afán de ser una potencia más grande que Estados Unidos, vieron en México un territorio estratégico para poderlos confrontar, y aprovecharon la molestia de la clase conservadora mexicana para venderles la idea de que lo mejor era que un emperador europeo y católico los gobernara.

Y así fue como llegó Maximiliano I con su esposa Carlota, a instalar un gobierno alterno al Gobierno Republicano encabezado por Benito Juárez.

Paseo de la Emperatriz, un camino excluyente

Paseo de la Reforma

Una de las principales tareas a las que se dedicó Maximiliano de Hasburgo, emperador impuesto de México, fue la de construir caminos y calzadas que conectaran distintas zonas del país y de la ciudad, tareas que el gobierno republicano no había podido concretar por la crisis económica ocasionada por los tres años de la Guerra de la Reforma.

Hasta aquí el preámbulo para saber de dónde y cómo llegó a construirse el Paseo de la Emperatriz, nombrado así en honor a Carlota, mismo que en 2018 no se quiere tocar por respeto a la memoria histórica que está defendiendo con uñas y dientes el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y algunos vecinos de la colonia Lomas de Chapultepec.

¿Qué defiende el INAH?

El actual Paseo de la Reforma es aquel camino que en 1867 mandara a construir un emperador sembrado por un país extranjero (Francia), para hacer de México una base para debilitar Estados Unidos.

Un camino por el que ¡no podían transitar los mexicanos! Era de uso exclusivo para la corte imperial, a quienes protegía un cuerpo policiaco para que ningún poblador se les acercara. Los mexicanos podían pasear en la Alameda Central, y los de clase social alta paseaban en carruajes (caminar siempre les ha hecho poca cosa) por lo que hoy es Bucareli.

151 años después de su construcción, la propuesta de incluir un Metrobús y un carril para bicicletas, éste último en el camellón, sobre el ahora llamado Paseo de la Reforma, le ha ocasionado comezón al INAH y ha preferido hacer caso omiso al proyecto presentado por la Secretaría de Medio Ambiente (SEDEMA) con el visto bueno de la Secretaría de Movilidad, ambas dependencias de la CDMX.

Los carruajes del Siglo XXI están asfixiando a la Ciudad, y los modos de transporte más democráticos, como la bicicleta y el transporte colectivo Metrobús, aún son recibidos con mucho recelo por los automovilistas, quienes no quieren perder los privilegios de los que gozan. Les molesta tanto como la Iglesia se enfureció cuando se promulgó la Ley de Obvenciones Parroquiales.

Hay vidas en juego

Paseo de la Reforma

Al respecto de la omisión del INAH sobre la propuesta de construir una ciclovía en el camellón (que a lo mejor no es la única o mejor propuesta), activistas por una movilidad sostenible ya se han pronunciado.

“Llamamos al INAH a responder formalmente sin más dilación a la propuesta de ciclovía en camellón. Cada minuto que pasa, es un minuto de riesgo de que otra persona pierda la vida en esta vialidad”.- Areli Carreón, Alcaldía de la Bicicleta CDMX.

En 2015, Montserrat Paredes fue atropellada por un microbús, mientras ella circulaba sobre un insuficiente carril-bici que va pintado en el extremo derecho de Paseo de la Reforma. Montserrat falleció, y las probabilidades de que suceda otro accidente fatal están presentes en ese tramo todos los días.

¿Defender el pasado, o procurar un mejor futuro?

El INAH parece estar apegado a su razón de existir, cuando defiende la memoria de un periodo que si bien dejó monumentos que hoy son símbolos de la Ciudad de México, también son vestigios de una época de invasión, donde lo que menos importaba era el bienestar del pueblo.

Por su parte, la Secretaría de Medio Ambiente y la de Movilidad, a tropezones, pero han ido entendiendo que movilidad y salud ambiental van de la mano, y no piensan dejar fuera de la ecuación Paseo de la Reforma, un espacio confinado para las bicicletas.

La última postura de la SEDEMA es la de trazar un carril-bici ¡sobre la banqueta! Y así no molestar al emperador de las calles: el automóvil.

Al final tendremos que ver quién gana, conservadores o liberales, y si se le hará honor al nombre más actual de esta avenida: Paseo de la Reforma.

Paseo de la Reforma

Ciclistas disfrutan del paseo dominical Muévete en Bici, por Paseo de la Reforma

 

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