Taller de Wafles Behr

Este Oso arregla corazones, cocina waffles y anda en bicicleta

Las bicicletas, el diseño de calles, los amigos y el valor de la confianza se revuelven en este perfil que intenta descubrir un poco más de Rodrigo Guerrero Maldonado, el Oso detrás de los Waffles Behr.

Esta historia no comienza con el entrevistado. Para llegar a él debemos mencionar un capítulo que sucedió años antes de que Rodrigo Guerrero Maldonado naciera el 8 de junio de 1977.

En el capítulo previo, su papá tiene tan sólo 17 años y es operado del corazón. La huella de esa cirugía quedaría grabada en su piel, rodeando casi por completo su espalda.

“Cuando era niño y veía la cicatriz de mi papá, lo que quería era arreglarlo. Crecí con la idea de ser cardiólogo para poder arreglar a mi papá. Cuando llegó la hora de elegir la carrera él se sentó conmigo para advertirme que la medicina era muy exigente, y yo era una persona muy dispersa”, recuerda Rodrigo, quien es mejor conocido como “El oso” (por qué, le pregunto. Bueno, porque no parezco una garza…).

Taller de Wafles Behr

Rodrigo Guerrero Maldonado. “Oso”.

La advertencia la tomó como un profundo consejo y dejó a un lado la idea de trabajar con el bisturí. Se metió a la carrera de Ingeniería en electrónica y comunicaciones, en la que cursaba con buenas notas pero dentro de él la inquietud de una personalidad creativa se revelaba ante la exactitud de las matemáticas y la ingeniería. A un año de terminar decide pedir su cambio a Arquitectura, donde le vuelven a dar otra advertencia: si cambias de carrera, pierdes todos los créditos, debes empezar de cero aun si decides regresar a Ingeniería.

Engañarse a uno mismo es de las tareas más complejas de la vida. Él sabía que la ingeniería no lo haría feliz y dio el salto. “Fui feliz desde el primer día. Trabajar con colores, texturas, formas. Eso me hacía sentir completo”.

El café de cada mañana 

Luego de la licenciatura vino una maestría en avaluó de inmuebles y un despacho en sociedad que terminó por cerrar por una crisis económica de esas que todas las generaciones hemos conocido y al parecer seguirán conociendo las camadas venideras.

“Yo estaba empacando las cosas de mi despacho en cajas cuando me llamó Dhyana Quintanar para entrevistarme. Me dijo que tenía que verme ese mismo día, que no le importaba cómo estuviera vestido, si no lo que pudiera decirle que sabía hacer. Fui y a la semana siguiente comencé a trabajar para ella”, en la recién formada Estrategia de Movilidad en Bicicleta de la Secretaría del Medio Ambiente del DF.

La primera oficina estaba en la Colonia Roma, en el sótano frío, recuerda. Más tarde se movieron a la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec. Para llegar ahí, el Oso debía atravesar la colonia San Miguel Chapultepec, hacer una parada por un café y luego cruzar la primera sección del bosque para finalmente llegar a su oficina. Esta ruta y ese café se convirtieron en un ritual.

“Todas las mañanas pasaba a al Deli-Lou  a comprarme un café y a veces a desayunar. La dueña se convirtió en mi amiga. A veces, como yo pasaba más temprano y tenía que esperar, me pedía que yo comenzara a preparar y servir el café”.

Dejar que tu cliente comience a atender el negocio es cuestión de confianza. Y así lo recalca él cuando dice que la confianza es una de las cosas que más valora.

“Una de esas mañanas me dijo que si quería podía prepararme ahí mis sándwiches. Me propuso que llevara unos hotcakes y que con eso íbamos a preparar un sándwich. Así comenzamos a experimentar. Los hicimos con donas, bagels, hotcakes. Dijimos que íbamos a comenzar un proyecto juntos para hacer estos sándwiches, pero sólo se quedó en una idea”.

Un oso en bicicleta 

La primera bicicleta para moverse por la ciudad que tuvo Rodrigo fue una Polo&Bike Classic. “Fue Laura (Bustos Endoqui) quien me dijo de la marca. Y un domingo que habían organizado una venta me llevó a conocerlas, pero ya habían cerrado. Me dijo que conocía a Bruno, el que traía esa marca de bicis, así que lo comenzamos a trolear hasta que accedió a atendernos ese domingo por la tarde. El mismo día me compré mi bicicleta y conocí a Bruno Verduzco”.

Entre Oso y Bruno germinó una buena amistad, que varios años después daría espacio al siguiente salto en la vida de Rodrigo.

Después de trabajar 8 años para el gobierno del DF (porque aún era el DF), se pasó a la consultora internacional de transporte y movilidad Steer Davis, donde lo esperaba Sonia (en verdad no lo estaba esperando pero suena más romántico). “Ella rompió todos los estándares. Fue como una atracción fatal con un buen desenlace”.

Fue con Sonia que la idea de iniciar un negocio propio tomó forma. “Quería un proyecto en el que pudiera consentir a la gente. A mi me encanta atender a los demás, hacerlos sentir bien, consentirlos. El objetivo era compartir con esta nueva familia, la que eliges, con los amigos”. La confianza nuevamente aparece en las palabras de Rodrigo: “Entre Sonia y yo compramos las cosas para montar la barra, comenzamos un proyecto en conjunto y eso sólo se hace cuando hay mucha confianza. Ella es la persona con la que debía hacer esto, con ella comienzo platicando de seguridad vial, waffles y terminamos hablando de amigos”.

Aquel troleo por Twitter que el Oso le hiciera a Bruno resultó en una buena amistad que le dio lugar al taller de Waffles Behr. Bruno estaba por abrir una segunda sucursal de su tienda de bicis BeSpoke, donde ahora, además de comprar bicis o accesorios, puedes consentir tu paladar con un waffle y un café.

El corazón se puede arreglar de muchas formas, sin ser precisamente un cardiólogo. Una de ellas es desde el estómago, el paladar, los gustos, las calles, la bicicleta. Tal vez Rodrigo dejó a un lado el bisturí, pero no la cualidad más importante que suele alegrar muchos corazones: saber cómo consentir.

Si quieres clavarle el diente a uno de los Waffles Behr y de paso conoce BeSpoke, ambos están en Jalapa 118, Colonia Roma, Ciudad de México.

Taller de Wafles Behr

En su mano, un waffle con chía, fresas, arándanos y almendras fileteadas.

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