Tráfico vehicular en viaducto

Desigualdad en el hacer y vivir la ciudad

 Las ciudades son reflejo de la diversidad de intereses que compiten casi permanentemente entre sí.

“Hacer la ciudad es ordenar un espacio de relaciones, es construir lugares significantes de la vida en común”  – Jordi Borja

Texto: Efraín Tzuc*

El espacio público se ha vuelto el escenario de negociación de estos intereses que, de forma sencilla podríamos traducir en la participación para hacer ciudad (planearla, diseñarla, gestionarla) y en el acceso a los bienes y servicios, vivir la ciudad. En las ciudades también convergen diferencias que abonan a la diversidad cultural, de pensamiento y de corporalidades; sin embargo, no todas las diferencias son percibidas como positivas, sino que existen algunas que generan discriminación por considerarse inferiores o nocivas. De ahí que sea necesario responder cuáles son los intereses que se priorizan en las ciudades, quiénes son las incluidas y las excluidas en estos procesos de participación, cómo se limita o promueve el acceso al arte, cultura, al patrimonio o a la educación y a la salud en la ciudad; y, principalmente, por qué sucede este proceso de forma desigual.

Los movimientos feministas de los años 60’s y 70’s en Estados Unidos, tuvieron que responder una gran pregunta: ¿somos las mujeres un grupo homogéneo que vive el sexismo de la misma forma? Las feministas negras fueron quienes no sólo respondieron a esa pregunta con un rotundo NO, sino que buscaron las herramientas teóricas para explicarlo. De ahí surge la interseccionalidad como teoría que busca estudiar la forma en la que las categorías que han sido objeto de discriminación histórica se combinan entre sí, con frecuencia de manera simultánea y generan nuevas experiencias de discriminación en varios niveles (interpersonal, comunitario, institucional, etc.). Por ejemplo, una mujer vive la discriminación por su género, mientras que una mujer indígena vive la discriminación por su género, la discriminación por su pertenencia al grupo indígena y muy probablemente la discriminación por ser pobre, esa experiencia es distinta a la anterior.

La interseccionalidad nos da pistas para responder las preguntas lanzadas al inicio, pues nos obliga a reflexionar cuáles son las identidades presentes en el territorio que viven procesos complejos de discriminación y que, al final, provocan una reducción en el acceso a derechos y oportunidades. Es decir, las personas que son discriminadas por su género, clase social, orientación sexual, edad y condición física, entre otras, se ven limitadas para participar en los procesos de hacer ciudad y vivir la ciudad. Si en las décadas pasadas todas estábamos excluidas en los proceso de planeación, diseño y gestión urbana, ahora con la tendencia a aplicar metodologías participativas en el quehacer urbanista, pareciera que todas tenemos las mismas oportunidades de incidir en las decisiones sobre nuestro territorio. Nada más lejano de la realidad.

¿Por qué esto es importante cuando hablamos de espacio público y movilidad?

En muchas ocasiones, incluso las organizaciones civiles que trabajamos temas de movilidad y espacio público olvidamos que hay identidades que han sido históricamente excluidas y que siguen siéndolo con los proyectos de “mejora urbana” que en ocasiones celebramos. Justo ahí, el análisis a partir de las diferencias es más que necesario y urgente, pues la desigualdad social se refuerza por la miopía que puede generar estar en posiciones que también son marginales.

Quienes trabajamos temas de movilidad y espacio público corremos el enorme riesgo de legitimar proyectos que generan desigualdad y/o control del espacio público basado en la discriminación, proyectos que son y serán cicatrices permanentes en la identidad colectiva de las ciudades.

Hablando en números

Nuestro país es desigual. Diversos estudios e informes lo han corroborado a nivel nacional e internacional. Algunos de los datos más alarmantes fueron publicados este año en el Informe “Desigualdad Extrema en México. Concentración del Poder Económico y Político”, de Oxfam México. Para hacernos una idea: El 1% de la población del país recibe más del 20% del ingreso, la taza de pobreza extrema para las personas que hablan alguna lengua indígena es 4 veces mayor respecto a la población en general. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Discriminación (2010), más del 50% de la población con discapacidad vive en condiciones de pobreza. Según el Consejo Nacional para la Evaluación (CONEVAL), el 53% de las adolescentes también vive en condiciones de pobreza. La cuenta sigue: México se encuentra entre los 25 países con mayor número de feminicidios de acuerdo al informe “Global Burden of Armed Violence 2015: Every Body Counts” y el segundo país de América Latina con mayor número de crímenes de odio motivados por homofobia, lesbofobia y transfobia según un informe de este año de la organización civil Letra S. México es un país desigual. Es ingenuo y peligroso pensar que estas diferencias que causan pobreza, marginación, violencia y muertes no influyen en cómo se participa y se vive en las ciudades.

Esta nueva columna

En Intersecciones hablaremos de los efectos que tienen estas diferencias en el hacer ciudad y vivir la ciudad. Trataremos de ver más allá de los proyectos de movilidad urbana sustentable para preguntarnos a quiénes benefician y qué efectos paralelos podrían generar (como la gentrificación), analizaremos los aspectos relacionados a la vivienda y la ubicación de la misma (centro – periferias), confrontaremos los procesos de simulación (también llamados “participación ciudadana”) con el ejercicio del derecho a la ciudad, y compartiremos ejemplos de resistencia y transformación urbana ante el capitalismo que ha convertido a las ciudades en marcas y a los bienes colectivos en productos de consumo.

*Efraín Tzuc (@efra_tzuc). Ciclista, nutriólogo y feminista. Colabora con el Observatorio de Movilidad. Sostenible de Mérida (@MovilidadMerida) y con la Red Nacional de Ciclismo Urbano de México (@BiciredMx).

 

Referencias:

CONAPRED (2011). Encuesta Nacional de Discriminación 2010. México: CONAPRED. Recuperado el 6 de diciembre de 2015.

CONEVAL, UNICEF (2014). Pobreza y derechos sociales de niños, niñas y adolescentes en México, 2008-2010. México: CONEVAL, UNICEF. Recuperado el 6 de diciembre de 2015.

Esquivel G (2015). Desigualdad Extrema en México. Concentración del Poder Económico y Político. México: Oxfam. Recuperado el 6 de diciembre de 2015.

Muñoz P (2011) Violencias Interseccionales. Debates Feministas y Marcos Teóricos en el tema de Pobreza y Violencia contra las Mujeres en Latinoamérica. Tegucigalpa: CAWN. Recuperado el 6 de diciembre de 2015.

Pantoja S (2015, 11 de mayo). México, segundo lugar mundial en crímenes por homofobia. PROCESO. Recuperado el 6 de diciembre de 2015.

PNUD, Small Arms Survey, Geneva Declaration (2015). Global Burden of Armed Violence 2015: Every Body Counts. Cambridge: Cambridge University Press. Recuperado el 6 de diciembre de 2015, de:

Symington, Alison (2004). Interseccionalidad: una herramienta para la justicia de género y la justicia económica. AWID. Género y Derechos. No. 9, agosto 2004. Derechos de las mujeres y cambio económico. Recuperado el 6 de diciembre de 2015, de:

 

 

 

 

 

 

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